sábado, 8 de agosto de 2009

CONSEJOS PARA SABER SI TU BEBÉ ESTÁ TOMANDO SUFICIENTE LECHE


Es difícil determinar cuando tu bebé está tomando suficiente leche, ya que los pechos no tienen una capacidad dada. Sin embargo, existen algunas señales que te pueden ayudar.Tu bebé no tiene un horario fijo para su comida. Puede comer cada vez que tenga hambre y cuanto tiempo desee, ya que es él quien sabe cuánto necesita comer.


Por este motivo, no deberías preocuparte por cada cuánto o por cuánto tiempo tu bebé toma el pecho ya que depende de cada mamá y bebé, y puede variar entre 10 a 20 minutos en cada pecho o más. El peso es una señal clave para saber si tu bebé está tomando suficiente leche o no, por lo que es recomendable que vayan a periódicos controles médicos.Más allá de eso resulta útil prestar atención cuando el bebé está al pecho.


Es posible ver cuándo está tomando la leche por su forma de succionar y porque se puede escuchar el sonido al tragar. Mientras tu bebé es recién nacido, él mismo te va a mostrar que ya ha tomado suficiente leche, porque las paredes de su estómago no se agrandan y una vez lleno va a devolver la leche tomada de más. Otra forma de saber si está tomando la leche necesaria es a través de sus pañales. Al comienzo probablemente sólo los moje una o dos veces por día.


A partir del tercer o cuarto día, tu bebé por lo general debería mojarlo entre 6 y 8 veces diarias.Además, durante los primeros meses de vida, es normal que el bebé defeque entre dos y cinco veces diarias. Durante los primeros días va a eliminar los restos de comida que adquirió cuando estaba en la barriga; esto se llama meconio y tiene un color verde oscuro casi negro. Sin embargo, si luego del quinto día sigue expulsando meconio es necesario llevarlo al médico.


Una señal de que tal vez tu bebé no esté tomando suficiente leche es si todas sus excreciones son de un color café. El color del popó de un lactante varía entre el mostaza y un tono verdoso.Si el bebé llora luego de haber tomado el pecho, no significa necesariamente que tenga hambre, ya que lo puede hacer por diversos motivos: cólicos es uno de los más frecuentes.


Una buena forma de evitar que tu bebé se llene de gases y por eso deje de comer, a pesar de no estar satisfecho, es sacarle los gases cada vez que lo cambies de pecho.La mejor manera de asegurarte de que tu bebé está tomando suficiente leche es amamantándolo frecuentemente con pequeñas cantidades de leche. Y si tu bebé se ve saludable, activo y creciendo, ¡seguramente no necesitas preocuparte!

miércoles, 5 de agosto de 2009

BENEFICIOS DE LA LACTANCIA

La leche materna favorece el desarrollo infantil. Además, cambia según las necesidades del bebé, su edad y su ambiente.

Este alimento es único y así lo corroboran numerosos estudios científicos que, con el paso del tiempo, citan nuevos hallazgos relacionados con los beneficios que sobre la salud de madre e hijo tienen varios de sus componentes.

Sus propiedades no sólo son nutricionales: también tocan el espectro de lo médico, sicológico y emocional.

De allí la recomendación de los expertos de alimentar exclusivamente al bebé con leche materna durante seis meses y, a partir de entonces, introducir nuevos alimentos mientras la mujer continúa amamantándolo hasta el año de edad. Después de ese tiempo, la decisión de prolongar la lactancia es personal.

Esta leche es más fácil de digerir para el bebé y evita que presente estreñimiento. Su principal característica: se trata de un compuesto vivo, como la sangre, pues tiene leucocitos (glóbulos blancos) que le ayudan al bebé a defenderse de las infecciones, dice María Cristina Sáenz, miembro de la Liga de la Leche.

La pediatra Leonor Peñaranda, especialista en lactancia materna, afirma, por su parte, que esta leche trae proteínas, vitaminas, sodio y potasio en las cantidades requeridas para la alimentación del pequeño.
“Otra de sus cualidades es que contiene una enzima llamada lipasa, que le ayuda al bebé a digerir más fácil los ácidos grasos presentes en la leche”, afirma la especialista.

También, agrega, tiene sustancias que han sido clasificadas como factores de crecimiento, que favorecen el desarrollo del sistema nervioso y gastrointestinal del infante. Igualmente, varias enzimas, así como anticuerpos capaces de neutralizar bacterias, virus y parásitos.

Es modificable
Sus bondades son numerosas y entre ellas figura una en especial: la leche materna se transforma a medida que el bebé come y crece, ya que se adapta al momento que está viviendo. “Se adecua a las condiciones del ambiente, es decir, si la madre vive en tierra caliente, el bebé recibe más leche aguada para quitarle la sed, y en clima frío, amamanta durante un periodo más extenso de manera que recibe leche más grasosa”, dice María Cristina Sáenz.

Así mismo, resalta la pediatra Leonor, la composición de la leche se modifica a medida que el bebé progresa en edad; una mamá cuyo bebé fue prematuro tiene una leche diferente a la de aquella que lo tuvo naturalmente. En el primer caso, aporta mayor contenido de proteínas para favorecer un crecimiento más rápido del prematuro, así como de sodio, nutriente que el bebé pierde en la orina.

“Si el pequeño tiene reflujo, hace comidas más cortas en el seno de su mamá, de manera que no se llena mucho y minimiza los síntomas”, indica Sáenz.

Otra particularidad: cuando la leche comienza a salir contiene bastante lactosa, que le da energía al bebé y, después de unos minutos, aporta mayor cantidad de grasa. Este elemento favorece la unión de las terminaciones nerviosas de las neuronas.

Efectos en la salud
La lactancia permite que el útero involucione más rápido, evitando sangrados fuertes, así como el riesgo de anemia. Las hormonas prolactina y oxitocina hacen que la mujer esté más dispuesta a atender a su pequeño y sienta gusto por darle seno.

De igual forma, el hecho de amamantar le confiere a la madre un beneficio exclusivo: disminuye el riesgo de que desarrolle cáncer de útero, de seno y de ovario.Si los bebés amamantaran durante la primera hora de nacidos −comenta Sáenz− se podría evitar la muerte de 1 millón de ellos.
El infante alimentado con leche materna tiene un mejor desarrollo sicomotor, gracias al estímulo táctil que recibe a través del contacto físico con su mamá.

Un pequeño alimentado con leche materna tiene menos riesgo de ser obeso. Igualmente, la succión del pezón le permite a su mandíbula formarse de manera adecuada por lo cual, en el futuro, tendrá menos posibilidades de requerir un tratamiento de ortodoncia.

Una ganancia…
El calostro, primera sustancia que producen los senos antes de bajar la leche ‘madura’, tiene inmunoglobulinas que lo protegen contra infecciones. Estas gotas de calostro actúan como especie de laxante, pues le ayudan a expulsar el meconio, su primera deposición.

El hecho de recibir leche materna reduce en los infantes la incidencia de infección respiratoria y diarreica, las dos causas más frecuentes de morbilidad y mortalidad en niños pequeños.

“Cualquier tiempo de lactancia es ganancia. Si es exclusiva durante seis meses, favorece la disminución de la severidad de las alergias. Hoy en día, son más recurrentes las respiratorias y las de la piel”, sostiene Peñaranda. También favorece un crecimiento y desarrollo adecuados y, a largo plazo, reduce el riesgo de sufrir hipertensión y diabetes en la edad adulta.

Sus efectos sicológicos
Cuando la mujer ve que su bebé va creciendo y goza de buena salud, su autoestima aumenta. “Siente más confianza en su capacidad de seguir criando al bebé y es más perceptiva a sus necesidades; es una retroalimentación continua en la cual el pequeño le da señas, crece emocionalmente y esto redunda en que recibe una ‘mejor’ mamá”, señala María Cristina Sáenz.

La lactancia implica un alimento ‘afectivo’ que influye en la estabilidad emocional del bebé: un infante amamantado es más tranquilo, seguro de sí mismo y con mayor autoestima.

‘Leche que se autoprotege’
Cuando la mujer regresa al trabajo, tiene la posibilidad de crear su propio banco de leche. Esta se conserva durante ocho horas a temperatura ambiente (de Bogotá), lejos del calor y de aparatos electrónicos.
Puede durar 48 horas refrigerada y de dos a cuatro meses congelada, pero en un lugar especial, ojalá, en un congelador con puerta independiente de la nevera.

Sólo se congela aquella que de inmediato se extrae. No es higiénico reunir la de todo el día y congelarla.

La leche debe guardarse en empaques plásticos, nunca en biberones. En la jornada de trabajo, se aconseja extraerla al menos dos veces en el día.

Por Andrea Linares G.

FORMA Y TAMAÑO DEL PECHO NO INCIDEN EN LA LACTANCIA

Algunas mujeres, por presentar pezones invertidos o con tejido subdesarrollado, le hacen el quite a la lactancia. Pero no importa si usted presenta estas alteraciones anatómicas, nada justifica que usted deje de amamantar a su bebé.

La naturaleza es sabia y por más extraño que le parezca que ante el frío o el roce su pezón no presente una erección sino que se hunda, o ni siquiera se asome en medio de la areola (tejido glandular subdesarrollado), su organismo está preparado para alimentar al neonato, aun bajo estas condiciones anatómicas.

“Ninguno de los anteriores es inconveniente para amamantar. Cada bebé saca su pezón. Lo más importante es conocer el tipo de pezón antes del parto y asistir a un taller de preparación para la lactancia”, explica Constanza Castilla, pediatra experta en lactancia materna.

Y la manera de conocerlo es a través de un diagnóstico que lleva a cabo el ginecólogo al comienzo del embarazo.
“Si el diagnóstico se hace una vez el bebé ha nacido –agrega Castilla– se sobrediagnostica pues la congestión misma de la glándula hace que el pezón se aplane”.

¿Es posible sacarlo?
A pesar de que los senos de la mujer estén perfectamente acondicionados para amamantar, existen algunos casos especiales en los que no caería nada mal darles un empujoncito hacia afuera.

Tales son las mujeres con pezones invertidos o hundidos, los planos o los que presentan piel demasiado tierna, que no resistirían la succión por parte del recién nacido.

Para las mujeres con estas condiciones anatómicas se aconsejan los ejercicios de estiramiento que se pueden llevar a cabo durante los nueve meses de gestación.
“Por ejemplo, darles una pequeña vuelta hacia alguno de los lados para ayudar a salir, tanto al pezón plano, como invertido; también sería útil utilizar una talla menor de sostén, con un agujero en el centro; por allí sale el pezón y se ayuda a mantener fuera. En cambio, acudir a jeringas y otras cosas lo lastima y no resuelve la situación”, agrega Castilla.

Sin embargo, estas alternativas requieren previa autorización del especialista que atienda a la futura madre durante la gestación, pues, según los expertos, en algunos casos la estimulación excesiva puede precipitar el parto.

De ahí la necesidad de informarse y practicarse el diagnóstico con tiempo. Otros métodos para mejorar la forma y tamaño del pezón son: frotarlos suavemente luego de tomar un baño, dejarlos al aire libre (por ejemplo, no usar sostén ni blusa durante un rato, en la casa) o dejarlos rozar con la camisa, a menos que el tamaño de sus senos le impidan estar sin sostén.

Tradición vs. ciencia
Hay mujeres que siguen las sugerencias de sus madres, abuelas o vecinas, por sus experiencias particulares.

Nunca acuden al especialista, cuando de lactancia se trata, ignorando que cada caso es distinto y muy especial.
No obstante, no siempre sabe más la edad. Hay quienes recomiendan que, para erigir un par de pezones invertidos o con subdesarrollo glandular, hay que intentar sacar leche antes del parto.

Los expertos sugieren evitar esta práctica, ya que la manipulación anticipada puede generar contracciones uterinas antes de tiempo y hacer perder compuestos valiosos a la leche materna.

Finalmente, recuerde que la lactancia toma su tiempo en establecerse. Los pezones se endurecen y obtienen la forma adecuada hacia la vigésima comida del neonato. Así que tranquilícese, no hay de qué preocuparse.

Cremas o aceites: ¿Aliados o enemigos de los senos?
Es necesario que la madre comprenda que los senos están perfectamente acondicionados para la lactancia y en muy raras ocasiones será necesario preparar los pezones para cuando el bebé comience la succión en busca de alimento.

Las mujeres que, luego del diagnóstico ginecológico, requieran endurecer el tejido o sacar sus pezones, pueden masajear la zona empleando cremas hidratantes, ungüentos o aceites.

No obstante, solo deben ser empleados en caso de que estos presenten signos de agrietamiento, resequedad o rajaduras muy graves que impidan realmente que la madre amamante a su bebé.

Hechos para durar
Los pezones se encuentran naturalmente protegidos y lubricados por aceites cutáneos. Se aconseja limpiarlos únicamente con agua tibia.
Así mismo, se debe suspender el empleo de jabones sobre la zona de la areola durante el último trimestre de embarazo y en los meses de lactancia. Además de resecar la zona, alterarían el sabor y propiedades de la leche materna. No es recomendable usar cremas con perfume.

Nunca hay que emplear cepillos; esto irrita los tejidos y cuando el pequeño succione los pezones, seguramente se rajarán más fácil.

“El empleo de aceites, vaselina, cremas y ungüentos para masajear los pezones sirve para mantener la piel hidratada. Una vez nazca el bebé, el masaje se debe hacer respetando la areola para que el bebé no ‘coma’ cremas”, enfatiza Castilla.

LLEGÓ LA HORA PARA DESTETAR

Cuando el bebé no sigue succionando el pezón, se seca el contenido de los senos. La decisión de no seguir amamantando al niño debe tomarse por motivos clínicos o por voluntad de la madre. Guía práctica.

Algunas lo hacen porque notan que su bebé no quiere lactar más; otras, por indicación médica o porque la licencia de maternidad finalizó y deben regresar a la oficina.

No importa el motivo, el destete (complementar la leche materna con leche de fórmula o dar al niño los primeros alimentos sólidos) es un acuerdo entre el bebé y la madre, que requiere que ella detenga la producción de leche. ¿Cómo lograrlo?

Los expertos señalan la importancia de que sea un proceso lento (puede tomar desde unas pocas semanas hasta algunos meses). Allí está la única clave. “Naturalmente, la madre deja de dar leche cuando la lactancia no es interrumpida abruptamente, ya que el estímulo para la producción es la succión”, explica la pediatra Constanza Castilla.

Cuando se desteta al bebé a partir de los seis meses de edad, “los niveles de prolactina (hormona encargada de la producción de leche) disminuyen por la no succión en el pezón”, agrega la enfermera especialista en lactancia Ana María Pazos.

No obstante, existen casos en los que la madre dejó de amamantar porque su hijo ya no recibe leche materna, pero ella sigue produciéndola. Es importante que la mujer se remita al médico; él indicará las medidas que se deben tomar.

Hay situaciones médicas que implican supresión de la lactancia, como enfermedad de la madre o toma de medicamentos que afecten al bebé o cambian el sabor y la consistencia de la leche. “En estos casos, el médico ginecólogo formulará los medicamentos que cortan la producción de leche”, agrega Castilla.

Debe ser gradual
Un destete súbito afectaría las emociones del niño; sentiría que su madre se alejó de él repentinamente. Hay que tener presente que desde el sexto mes, la lactancia deja de ser a libre demanda para formar parte de los horarios de comida, que muchas veces dependen del trabajo de la madre.

Por eso, el amamantamiento se ajusta a las horas en las que la mamá está en la casa. Cuando ella esté en la oficina, otra persona debe dar el alimento suplementario o el tetero con leche materna.

“Es importante que los alimentos suplementarios no solo los dé la madre. Así, ella amamanta al niño dos o tres veces al día y quien da los alimentos complementarios es otra persona; el bebé nota el cambio y la ausencia de la madre, pero sigue teniendo el vínculo piel a piel con ella”, comenta Pazos.

Para un proceso gradual y exitoso

Tenga en cuenta:
A partir del año, la lactancia se realiza una o dos veces al día, pues el bebé duerme durante toda la noche y no se despierta a pedir comida.

Si apenas está comenzando a destetarlo, empiece por reducir el número de veces en que lo amamanta. Si antes lo hacía cuatro veces al día, ahora hágalo solo tres veces. Del mismo modo, reduzca la duración de las tomas.

Déle pecho al bebé solo cuando él lo pida y trate de posponer la hora de amamantarlo; a cambio, suministre tetero o algún alimento sólido sugerido por el pediatra.

Cuando el niño llore porque tiene hambre o está enojado, distráigalo con su juguete u objeto favorito.

Y no olvide tener otro tipo de contacto piel con piel con su bebé; por ejemplo, jugando, bañándolo o consintiéndolo.

¿Cuándo y por qué destetar?
No hay mes o edad exacta para destetar al niño. Con el paso de los días, el bebé y la madre identifican el momento de complementar la dieta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños lacten exclusivamente (sin ingerir otro alimento o bebida) durante los seis primeros meses de vida.

A partir de este momento comienza la alimentación mixta (dieta complementaria y leche materna) que debe darse hasta los 2 años de edad.

Cuando el niño es destetado, ya está comiendo otros alimentos. El pediatra indicará sobre la introducción de nuevos alimentos en la dieta.

Y si mi hijo no quiere tomar más
A pesar de que el vínculo entre madre e hijo es muy cercano, algunas mujeres dudan si su bebé está preparado para dejar la leche materna. De ahí la importancia de observar las actitudes del niño a la hora de amamantarlo.

Si nota que está aburrido al tomar el pecho (si pega sus labios al pezón y se aleja sin succionarlo), seguramente el bebé quiere destetarse.

Pero si el menor se distrae al lactar (mira alrededor), esta actitud no siempre significa que quiera destetar.

Amamántelo en un cuarto con luz tenue, para que no vea objetos distractores; así descifrará las señales que él envía.

POR: PILAR BOLÍVAR CARREÑO

LACTANDO CON AMOR A DISTANCIA

Volver al trabajo después de pasar 84 días con el hijo, puede resultar complicado para algunas mujeres, porque ya no estarán presentes a toda hora para sumistrar leche materna. Ambos pueden estar tranquilos si se siguen las siguientes recomendaciones.

Durante los nueve meses de gestación, la madre asume que el cuerpito de ese ser que crece cada día hace parte de su vida, del oxígeno que respira y de todas sus entrañas. Lo siente solo suyo, tanto que lo cuida y lo protege con la suavidad y ternura que solo puede hacerlo una madre.

Desde estos instantes, el vínculo entre mamá e hijo se empieza a afianzar: el amor y la cercanía crecen aún más cuando el bebé sale de su ‘mundo oscuro’ para seguir sintiendo, ahora más cerca, el calor de su madre. Ahora ella no quiere separarse de su hijo. Desea estar pendiente para suplir todas las necesidades que se presenten, sobre todo la función que las mujeres solo pueden hacer: alimentarlos.

Es por esto que cuando la mamá debe ingresar nuevamente a sus jornadas laborales (después de 84 días de licencia) se le hace difícil desprenderse de su criatura. Así que es necesario que la mujer anticipe su regreso al trabajo y tenga en cuenta qué debe hacer para alimentar a su hijo mientras está en su oficina.

Casos de la vida real
Edna Granados era una madre, como todas, entregada y dedicada a su primer hijo. Aunque no quería desprenderse de él, sabía que solo tenía 84 días para estar todo el tiempo con él, porque después llegarían sus obligaciones laborales. Así que un mes antes de cumplir su Licencia de Maternidad visitó la Liga de la Leche en Bogotá, para hacer el curso de Volver al trabajo en tiempo de lactancia.

“Lo más duro en ese tiempo es el desprendimiento que se debe hacer con el bebé. Es difícil pensar en la separación, tanto que uno cree que es mala madre al salir de casa y dejar al chiquito con otra persona”.

Hoy, siete años después, Edna es líder de la Liga de la Leche, lugar donde le enseñaron que un mes antes de ingresar al trabajo debería estar organizando su propio banco de leche. Este es un proceso que se debe iniciar desde que la madre comienza la lactancia, para que distribuya su tiempo y la hora diaria de lactancia durantes los primeros seis meses de vida, a la que tienen derecho todas las lactantes.

Según Leonor Peñaranda, pediatra especialista en lactancia, el primer mes de vida el bebé debe tomar leche solamente del pecho. Después de este tiempo es importante darle, por lo menos, una vez al día, con biberón.

Antes de irse al trabajo y cuando regresa de él, debe poner al bebé al pecho. Los fines de semana y los días libres deben ser aprovechados para alimentarlo todas las veces que pueda.

Es importante que la mamá tenga una reserva de leche, porque permite que si el bebé pide más alimento durante su ausencia, se supla con la leche congelada. “Esta sirve para hacer banco de leche y para acostumbrar al seno a la extracción. Además, da tranquilidad tanto a la mamá como a la persona encargada del menor”.

¿Cómo se realiza la extracción?
La recomendación por parte de los especialistas consultados es guardarla en recipientes o bolsas plásticas especiales y esterilizadas, las cuales se deben marcar con fecha y hora, para utilizarse de la más antigua a la más reciente. La leche congelada tiene una duración de 6 meses.

Ya en el lugar de trabajo, las madres deben extraer su leche, por lo menos, dos veces al día. “El ideal es que esta se refrigere, no se congele, para que se utilice más rápido, porque hay un tiempo en que no se lleva a la nevera y esto podría generar algunos inconvenientes”, señala la especialista Leonor Peñaranda.

Antes de hacerla se debe tener una higiene adecuada. Además, debe hacerse un poco de masaje sobre el seno. Lo ideal es realizarlo con una bomba, porque ayuda a la producción de leche, pero también se puede hacer manualmente. Este último procedimiento se hace de la siguiente manera: ponga el dedo pulgar en la parte superior de la areola y el índice debajo, comprima el pulgar y el índice mientras empuja el seno hacia la caja torácica y hacer presión sobre otro punto de la areola, para vaciar los conductos que llevan la leche fuera del seno. Al principio, las extracciones deben ser de 10 minutos.

Congelación y calentamiento
En tierras frías, la leche se puede dejar a temperatura ambiente bajo techo, pero en ciudades cálidas es preferible refrigerarla.

“En el trabajo pueden guardarla en una lonchera térmica y cuando lleguen a casa deben refrigerarla en la nevera, para al día siguiente darla al bebé”, señala Edna Granados. Sugiere que si la mamá prefiere darle pecho, congele esa leche, para que no se pierda. Si esta la va a mezclar con una que acaba de extraer, lo ideal es enfriarla y ponerlas a una misma temperatura, porque esta alteración puede favorecer el desarrollo de bacterias. Recuerde no guardar grandes cantidades de leche, lo ideal son tres onzas en cada recipiente.

El calentamiento puede realizarse al baño María, pero no directamente en el fogón, para que no se pierdan las propiedades.

Por: Mónica Toro. Redactora ABC del bebé.

UN MOMENTO DIFÍCIL EN LA LACTANCIA

La mastitis es una enfermedad que se presenta en esta etapa, no obstante es benigna y se puede prevenir. Se caracteriza por la presencia de dolor, endurecimiento y enrojecimiento en alguno de los senos. En casos severos, por fiebre y escalofríos.

Por temor a que su leche no fuera suficiente para satisfacer al bebé, Ana María decidió complementar la alimentación de su hijo con fórmula láctea.

Cinco días después del nacimiento del niño, comenzó a experimentar fiebre, dolor y endurecimiento de uno de sus senos, lo que la obligó a acudir a urgencias. El diagnóstico: mastitis, es decir, inflamación del tejido mamario.

Se trata de una enfermedad que, casi siempre, está relacionada con el puerperio; es decir, el periodo de recuperación después del parto. La causa es un germen que normalmente existe en la piel cercana al pezón y a la areola y que, a través de fisuras presentes en el área, ingresa a los conductos dilatados por la lactancia.

Estas fisuras suelen ser el resultado de la continua succión del bebé quien, algunas veces, puede morder el pezón aumentando el riesgo de que haya sangrado.

Cuando la leche no se extrae de manera adecuada, se produce una inflamación que puede terminar en un proceso infeccioso e, incluso, en un absceso mamario (presencia de pus).
Entre un 10 a 15 por ciento de las mujeres que amamamantan pueden desarrollar mastitis relacionada con la lactancia. Esta suele presentarse en los primeros tres meses posteriores al parto e, incluso, en la primera semana.

Señales de la enfermedad
Es importante prestarle atención a síntomas como dolor en uno de los senos, sensación de calor, enrojecimiento de la piel de la mama, fiebre y, en el peor de los casos, secreción purulenta, es decir, cuando se forma absceso, caso en el cual se requiere drenaje.

La formación de este último se presenta, por ejemplo, cuando a la mujer le cuesta trabajo seguir amamantando a su bebé por el dolor y endurecimiento del seno, favoreciendo la acumulación de la leche, que al estancarse, puede provocar una infección.

A partir del diagnóstico, se inicia tratamiento con antibióticos que dura, en promedio, de 7 a 10 días.
De igual forma se aplican compresas de calor en el área inflamada. La mujer debe intentar sacar la leche del seno afectado, hasta vaciarlo por completo, pero no amamantar al bebé por este, sino por el seno contrario.

Es clave, igualmente, que aumente el consumo de líquidos.
La mayoría de mastitis agudas se resuelven con medidas locales y antibióticos; un porcentaje no mayor al 10 por ciento puede terminar en un absceso mamario.

¿Se puede prevenir?
Existen factores de riesgo para desarrollar esta enfermedad benigna como: mastitis después de un embarazo previo, grietas en el pezón, técnicas inadecuadas de alimentación (por ejemplo, utilizar solo una postura para amamantar al bebé) o usar un brassier demasiado ceñido que llegue a obstruir el flujo de leche.

Teniendo en cuenta lo anterior, es recomendable que la mujer, al amamantar a su pequeño, procure que este desocupe por completo sus senos.

Saltarse una toma puede favorecer su congestión; por eso, es importante mantener la rutina, acorde con las necesidades del infante.

En caso de que los senos se congestionen, son útiles los paños de agua tibia para distensionar la piel del seno -hacerlo durante cinco minutos-.

Asimismo, es recomendable limpiar la saliva del bebé con un poco de agua estéril después de cada toma.

No sobra tener en cuenta otra precaución: utilizar algún tipo de protector que evite el contacto directo del pezón con el brassier.

Si no es posible amamantar...
Cuando la paciente no puede alimentar normalmente a su hijo, debe extraerse la leche con un mamador para evitar que esta se acumule.

Normalmente, la mujer produce leche a partir de la succión continua del infante. Cuando este no lo hace, es a ella a quien le corresponde estimular la salida del líquido. Por tal motivo, es recomendable que se la saque cada dos o tres horas. Así mantiene el estímulo de succión y favorece la liberación de oxitocina y prolactina que son las dos hormonas encargadas del proceso.

Esta rutina le permitirá, en la práctica, lograr que paulatinamente salga mayor cantidad de leche hasta el punto de tener una reserva .

Otros tipos de mastitis
Además de aquellas relacionadas con la lactancia, existen otras que se presentan cuando existe una patología benigna en los conductos galactóforos de la mama, que hace que se se dilaten.
Es frecuente en pacientes fumadoras y se manifiesta, generalmente, por abscesos o fístulas que se producen alrededor de la areola. Esto se contrarresta con calor local y antibióticos.

Otras mastitis se presentan en mujeres de cualquier edad y no están relacionadas con lactancia. Las causas no son muy claras y se aduce que están relacionadas con la tuberculosis o la sarcoidisis.

En este caso, es importante hacer un diagnóstico diferencial con cáncer (se realizan biopsias), pues esta clase de mastitis se puede confundir con dicha enfermedad.

Sus síntomas son enrojecimiento del seno, inflamación y secreciones por el pezón.

Consejos para alimentar al bebé
El recién nacido debe succionar un seno hasta desocuparlo por completo, permitiéndole que se alimente de la porción grasa que va al final de cada mamada.

Se debe colocar cada tres a cuatro horas por espacios cortos. Luego de 24 horas y durante el tiempo de lactancia exclusiva, la alimentación debe ser a libre demanda, es decir, cada vez que el bebé lo solicite.

La mejor posición para alimentarlo es aquella con la que la mujer se sienta más cómoda. Sin embargo, existen algunas recomendaciones: la cabeza del bebé debe estar en el pliegue del codo del brazo de la mamá, el brazo del bebé atrás (abrazando), la mano de ella debe sostener las nalgas del pequeño y el abdomen de ambos debe estar en contacto, ombligo con ombligo.

Un 'buen agarre' del pezón garantiza el 80 por ciento del éxito de lactancia. Necesita de una boca completamente abierta y que la punta del pezón toque el paladar blando del bebé (la parte más posterior del paladar). Los labios del niño deben abarcar toda la areola.

Durante el proceso de lactancia, es necesario que la mujer amamante con frecuencia a su pequeño y procure que el bebé desocupe ambos senos para que estos no se congestionen y se produzcan molestias.

Asesoría: José Joaquín Caicedo, mastólogo; Edgar Acuña, ginecoobstetra y María Constanza Castilla, pediatra experta en lactancia materna.

CÓMO ALIMENTAR AL RECIÉN NACIDO CUANDO ESTÁ HOSPITALIZADO

En su deseo de tenerlo cerca para amamantarlo, la mujer debe afrontar un proceso emocional que en ocasiones afecta su producción de leche.

La guerra, los desastres naturales, una grave enfermedad y la muerte de un ser querido son situaciones que producen estrés y esto puede afectar la lactancia. Igualmente, el hecho de que el recién nacido no llegue a casa en brazos de su madre, sino que deba permanecer en una incubadora durante tiempo indefinido mientras completa su desarrollo o mejora su condición clínica.

De hecho, la mujer que acaba de tener a su bebé es particularmente sensible al estrés. “Hay madres que sienten una disminución en su producción de leche; otras, una demora o inhibición en el reflejo de la bajada de la misma y en su salida”, afirma Kathleen Whitfield, en su artículo ‘Breastfeeding in times of chaos’ (lactancia en tiempos de caos) publicado en New Beginnings, en el año 2001.

La autora explica que dicha disminución es temporal y con el tiempo y el esfuerzo consciente de la madre por relajarse, ese reflejo de bajada vuelve a ser normal.
Aconseja: amamantar con tranquilidad, respirar profundo, pensar en algo agradable mientras alimenta a su hijo y masajear suavemente su seno con las yemas de los dedos para estimular la salida de la leche.

En este tipo de situaciones estresantes, la mujer puede sentir impotencia, tristeza, depresión, rabia, irritabilidad, dificultad para tomar decisiones, dolor de cabeza, hambre extrema o falta de apetito y desorientación.

¿Y cómo lo alimento?
En la medida en que una mujer se sienta ansiosa, es posible que se reduzca la producción de leche o se inhiba el inicio de la misma, explica María Cristina Sáenz, de la Liga de la Leche. Por ello, es importante que encuentre apoyo familiar, de su pareja y de los profesionales de la salud para reafirmarse en su decisión de amamantar, si realmente lo desea, y confiar en su capacidad de producir el alimento que su pequeño necesita, a pesar de que esté hospitalizado.

“Para favorecer dicha producción, debe seguir una rutina de extracción que le permita sacar gotas de leche, escasa los primeros días, pero muy valiosa para el bebé”, afirma Sáenz.

Normalmente, la mujer produce leche a partir de la succión continua del infante. Como este no lo hace, es a ella a quien le corresponde estimular la salida del líquido. Por tal motivo, es recomendable que se la saque cada dos o tres horas.
“Así mantiene el estímulo de succión y favorece la liberación de oxitocina y prolactina, hormonas encargadas del proceso”, explica María Constanza Castilla, pediatra experta en lactancia materna.

“Relajarse con ejercicios de respiración le ayuda en los momentos de mayor ansiedad; de igual forma, hablar con el pediatra para que propicie encuentros entre ella y su bebé; incluso, plantearle la posibilidad de darle leche con una cucharita en vez de ofrecérsela en biberón, a fin de facilitar el reinicio de lactancia una vez sea dado de alta”, comenta Sáenz.

Si al bebé le es permitido recibir leche materna, al momento de amamantarlo la mujer puede pedirle al personal médico que no le ofrezca tetero una hora antes de que ella ingrese a la unidad, para que el infante reciba la leche materna.

Cuando la condición del niño no le permite ser amamantado, los horarios de alimentación y la forma como ésta se da la decide el equipo médico: puede ser por vía parenteral (venas), sonda orogástrica o jeringa.

Mientras permanece en la incubadora, es conveniente hablarle y cantarle. “La mamá debe estar tranquila, cerca de su bebé, extraerse la leche y guardarla en el lactario de la clínica u hospital”, indica la doctora Castilla.

Es ideal propiciar el contacto físico entre padres e hijo, pues el bebé es receptivo a la caricia de estos y al sentirlos piel a piel su ritmo cardiaco se normaliza.

Senos que parecen piedras
Saltarse una sesión de extracción (que reemplazaría la hora de comida del bebé) puede favorecer la congestión de los senos -se endurecen-.

En caso de congestionarse, son útiles los paños de agua tibia para distensionar la piel del seno. Esto facilita la extracción de la leche. “Además de la extracción periódica de la leche con una bomba adecuada, en caso de que los senos se endurezcan es importante alternar calor y frío con compresas y hacer masaje circular sobre las zonas endurecidas”, comenta la pediatra María Constanza Castilla. Se puede llegar a la mastitis si progresa la congestión y la leche no se extrae.

El reencuentro
Lo más importante para retomar la lactancia cuando el bebé está de regreso, es amamantarlo las veces que él lo pida. Es clave que el pequeño desocupe un seno por completo y luego continúe con el otro.

Un bebé que se reencuentra con sus padres, especialmente con su madre, necesita un contacto permanente; desea sentir sus caricias y el latido de su corazón, así como escuchar su voz y su arrullo. “El padre también juega un papel fundamental en este proceso de adaptación, pues el acompañamiento y el apoyo son indispensables”, comenta la pediatra María Constanza Castilla.

“A su regreso, el bebé querrá estar alzado mucho tiempo. Los padres deben estar en disposición de hacerlo, ojala a través de un contacto piel a piel: torso descubierto y el infante, en pañal”, dice María Cristina Sáenz, de la Liga de la Leche.

Es probable que el pequeño quiera permanecer mucho tiempo amamantando o, por el contrario, sin deseos de lactar pues se acostumbró al biberón.Dado el caso, Sáenz recomienda no alimentarlo con tetero y ofrecerle la leche en una taza o con cuchara. La madre debe continuar extrayendo su leche y al segundo o tercer día de haberle retirado el biberón, el infante recibirá el seno.

Si el bebé es hospitalizado semanas o meses después de su nacimiento y sólo se alimenta con leche materna, es conveniente que su mamá lo acompañe en la clínica para continuar la lactancia.

Andrea Linares G.