miércoles, 5 de agosto de 2009

CÓMO ALIMENTAR AL RECIÉN NACIDO CUANDO ESTÁ HOSPITALIZADO

En su deseo de tenerlo cerca para amamantarlo, la mujer debe afrontar un proceso emocional que en ocasiones afecta su producción de leche.

La guerra, los desastres naturales, una grave enfermedad y la muerte de un ser querido son situaciones que producen estrés y esto puede afectar la lactancia. Igualmente, el hecho de que el recién nacido no llegue a casa en brazos de su madre, sino que deba permanecer en una incubadora durante tiempo indefinido mientras completa su desarrollo o mejora su condición clínica.

De hecho, la mujer que acaba de tener a su bebé es particularmente sensible al estrés. “Hay madres que sienten una disminución en su producción de leche; otras, una demora o inhibición en el reflejo de la bajada de la misma y en su salida”, afirma Kathleen Whitfield, en su artículo ‘Breastfeeding in times of chaos’ (lactancia en tiempos de caos) publicado en New Beginnings, en el año 2001.

La autora explica que dicha disminución es temporal y con el tiempo y el esfuerzo consciente de la madre por relajarse, ese reflejo de bajada vuelve a ser normal.
Aconseja: amamantar con tranquilidad, respirar profundo, pensar en algo agradable mientras alimenta a su hijo y masajear suavemente su seno con las yemas de los dedos para estimular la salida de la leche.

En este tipo de situaciones estresantes, la mujer puede sentir impotencia, tristeza, depresión, rabia, irritabilidad, dificultad para tomar decisiones, dolor de cabeza, hambre extrema o falta de apetito y desorientación.

¿Y cómo lo alimento?
En la medida en que una mujer se sienta ansiosa, es posible que se reduzca la producción de leche o se inhiba el inicio de la misma, explica María Cristina Sáenz, de la Liga de la Leche. Por ello, es importante que encuentre apoyo familiar, de su pareja y de los profesionales de la salud para reafirmarse en su decisión de amamantar, si realmente lo desea, y confiar en su capacidad de producir el alimento que su pequeño necesita, a pesar de que esté hospitalizado.

“Para favorecer dicha producción, debe seguir una rutina de extracción que le permita sacar gotas de leche, escasa los primeros días, pero muy valiosa para el bebé”, afirma Sáenz.

Normalmente, la mujer produce leche a partir de la succión continua del infante. Como este no lo hace, es a ella a quien le corresponde estimular la salida del líquido. Por tal motivo, es recomendable que se la saque cada dos o tres horas.
“Así mantiene el estímulo de succión y favorece la liberación de oxitocina y prolactina, hormonas encargadas del proceso”, explica María Constanza Castilla, pediatra experta en lactancia materna.

“Relajarse con ejercicios de respiración le ayuda en los momentos de mayor ansiedad; de igual forma, hablar con el pediatra para que propicie encuentros entre ella y su bebé; incluso, plantearle la posibilidad de darle leche con una cucharita en vez de ofrecérsela en biberón, a fin de facilitar el reinicio de lactancia una vez sea dado de alta”, comenta Sáenz.

Si al bebé le es permitido recibir leche materna, al momento de amamantarlo la mujer puede pedirle al personal médico que no le ofrezca tetero una hora antes de que ella ingrese a la unidad, para que el infante reciba la leche materna.

Cuando la condición del niño no le permite ser amamantado, los horarios de alimentación y la forma como ésta se da la decide el equipo médico: puede ser por vía parenteral (venas), sonda orogástrica o jeringa.

Mientras permanece en la incubadora, es conveniente hablarle y cantarle. “La mamá debe estar tranquila, cerca de su bebé, extraerse la leche y guardarla en el lactario de la clínica u hospital”, indica la doctora Castilla.

Es ideal propiciar el contacto físico entre padres e hijo, pues el bebé es receptivo a la caricia de estos y al sentirlos piel a piel su ritmo cardiaco se normaliza.

Senos que parecen piedras
Saltarse una sesión de extracción (que reemplazaría la hora de comida del bebé) puede favorecer la congestión de los senos -se endurecen-.

En caso de congestionarse, son útiles los paños de agua tibia para distensionar la piel del seno. Esto facilita la extracción de la leche. “Además de la extracción periódica de la leche con una bomba adecuada, en caso de que los senos se endurezcan es importante alternar calor y frío con compresas y hacer masaje circular sobre las zonas endurecidas”, comenta la pediatra María Constanza Castilla. Se puede llegar a la mastitis si progresa la congestión y la leche no se extrae.

El reencuentro
Lo más importante para retomar la lactancia cuando el bebé está de regreso, es amamantarlo las veces que él lo pida. Es clave que el pequeño desocupe un seno por completo y luego continúe con el otro.

Un bebé que se reencuentra con sus padres, especialmente con su madre, necesita un contacto permanente; desea sentir sus caricias y el latido de su corazón, así como escuchar su voz y su arrullo. “El padre también juega un papel fundamental en este proceso de adaptación, pues el acompañamiento y el apoyo son indispensables”, comenta la pediatra María Constanza Castilla.

“A su regreso, el bebé querrá estar alzado mucho tiempo. Los padres deben estar en disposición de hacerlo, ojala a través de un contacto piel a piel: torso descubierto y el infante, en pañal”, dice María Cristina Sáenz, de la Liga de la Leche.

Es probable que el pequeño quiera permanecer mucho tiempo amamantando o, por el contrario, sin deseos de lactar pues se acostumbró al biberón.Dado el caso, Sáenz recomienda no alimentarlo con tetero y ofrecerle la leche en una taza o con cuchara. La madre debe continuar extrayendo su leche y al segundo o tercer día de haberle retirado el biberón, el infante recibirá el seno.

Si el bebé es hospitalizado semanas o meses después de su nacimiento y sólo se alimenta con leche materna, es conveniente que su mamá lo acompañe en la clínica para continuar la lactancia.

Andrea Linares G.

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